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18 Abr
- ¡Para de morderme maldita zorra! –gruñó con dolor Sirkka, al tiempo que sentía como su espalda chocaba contra la pared. Su rival la había arrastrado hasta esa posición desfavorable, y un escalofrío recorrió su cuerpo, extraño entre el frío de la pared y el calor del cuerpo de la sueca.
- ¿No puedes tomar mi beso, furcia barata? –jadeó Lena, sabiéndose victoriosa ahora.
- ¡Puta, tú no pudiste tomar mis pezones! –se enojó Sirkka, y vio sonreír a Lena. Maldiciéndose por haber indirectamente admitido su derrota de su lengua y de sus labios, la finlandesa miró desafiante a su contrincante.
- ¿Entonces por qué no tomo un poco más de tus pezones y tu tomas un poco más de mi lengua? –desafió Lena, sacando la punta de su órgano húmedo de entre sus cremosos labios.
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Publicado en Relatos eróticos por: davidoff
17 Abr
El inicio brusco llenó de gemidos ultrajados el aire, pero tan pronto como había empezado el duelo violento, éste se convirtió en algo más lento, más sádico, más táctico. Nada más entrar en el salón se habían dejado llevar por el ardor del deseo, pero poco a poco el duelo volvía al cauce lento y sensual que había llevado desde que se habían encontrado en el Schlossgarten la mañana anterior.
A pesar de la tormenta de exterior, el silencio llenó la habitación, sólo roto por suaves jadeos y por el sonido de carne frotándose con carne. Cara a cara, labio a labio, las nórdicas batallaron con las miradas fijas en los otros bellos ojos claros. A veces, por sus rostros cruzaba una sombra angustiosa, como si alguien pasara un cuchillo por sus tetas. De hecho, es lo que les hacía sentir los otros largos pezones.
- ¿Aún crees que tus tetas son mejores que las mías, zorra? –jadeó Sirkka, dando un suave pero firme empujón con sus pechos.
- Definitivamente lo son, furcia –Lena replicó, frotando circularmente sus tetas con Sirkka-. Y Hans piensa lo mismo.
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Publicado en Relatos eróticos por: davidoff
16 Abr
- Has notado más de lo que he notado yo en ti.
- Tengo ABUNDANTES argumentos ahí mismo, todos para ti –dijo Sirkka, empujando su pecho suavemente contra el de Lena.
- No son argumentos de suficiente PESO para convencerme, zorra –replicó Lena, frotando sus tetas contra las de Sirkka con lentitud.
Sirkka sintió como los pezones de Lena traspasaban ambos vestidos y se clavaban directamente en sus pechos, junto a sus aureolas. Por el gesto en el bello rostro de la sueca, sin embargo, la finlandesa supo que sus pezones estaban haciendo bien su trabajo también en las tetas de Lena. Mordiendo su labio inferior, Sirkka movió levemente los hombros, al tiempo que Lena hacía lo mismo. Sus cuatro pezones se tocaron bajo sus telas, y las dos rubias jadearon, mirándose con odio a los ojos.
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15 Abr
- Vamos, puta. ¿Tienes miedo de ir abajo conmigo? –retó Sirkka.
- Deberías recordar nuestro primer encuentro ayer, en el Schlossgarten. Así sabrías que soy más fuerte que tú, zorra –respondió Lena, agachándose frente a su amarga enemiga. La sueca sabía que su duelo de piernas quedó en claro empate, pero no estaba dispuesta a conceder eso a Sirkka.
- Demuéstramelo ahora –masculló Sirkka, mientras las nórdicas alzaban sus manos y brazos lentamente, sobre sus cabezas. Sirkka respiró profundamente, al tiempo que sus yemas de los dedos se tocaban juntas. Increíblemente, una fuerte presión ya se notaba aquí, procedente únicamente de las yemas en duelo. Ambas jadearon suavemente, y supieron que el duelo de fuerza iba a ser largo y duro. Ambas eran chicas muy deportistas, y más fuertes de lo que aparentaban sus delgados cuerpos. Mirándose directamente a los ojos, Lena y Sirkka juntaron ahora las palmas de las manos, agregando mucha más presión al silencioso duelo. Con los dedos separados, las rubias empujaron adelante, aun manteniendo sus cuerpos superiores separados, mientras abrían algo más sus rodillas en la tierra para aumentar su estabilidad. Lentamente, acumularon energía y fuerza tras sus manos, empujando, buscando algún signo de debilidad en los preciosos ojos de la otra mujer.
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Publicado en Relatos eróticos por: davidoff
14 Abr
- ¡Al fin! –gritó Verónica.
- Dime que estoy perfecta –pedía Lena a su compañera de piso. Jennifer levantó la vista de su escritorio, de su libro de física, y tras recolocarse sus gafas, miró a su amiga.
- Lena, por favor, sabes que eres un bombón –dijo “la empollona”, como la llamaba cariñosamente la sueca-. Más quisiera yo tener ese cuerpo.
- No seas tan dura contigo –dijo Lena, mirando su reflejo en el espejo. Jennifer la miró con una mezcla de envidia y orgullo. La sueca estaba radiante disfrazada de Ricitos de Oro, con su cuerpazo adaptándose perfectamente al ajustado traje amarillo y blanco, de muy cortas mangas –apenas tapaban poco más allá de sus hombros- y con una pequeña falda de ancho vuelo en el mismo vestido. Un corsé amarillo apretaba su cintura y ajustaba el traje contra su curvilíneo cuerpo; del corsé, quedando justo en la parte frontal de la falda, salía un trozo de tela blanca a modo de delantal con tres pequeños ositos pintados. Las redondas tetas de Lena resaltaban ante el ajustado vestido, pero no mostraban todo su esplendor ante su prácticamente nulo escote, donde resaltaba un lazo anudado de color amarillo-. Tendría que haber comprado uno más escotado –se lamentó la sueca, mientras siguió analizando su vestido. En sus piernas dos medias blancas decoradas con algún osito tapaban desde sus rodillas hacia abajo, donde dos zapatos oscuros con tacón ancho elevaban algo su altura. La sueca se había hecho dos coletas con su largo cabello dorado, cada una a un lado de su rostro, y las había rematado con dos lazos amarillos. Así enmarcaba su bello rostro, maquillado con exquisitez y perfección: sus labios estaban pintados de un rojo claro, sus pestañas estaban bien resaltadas, sus cejas estaban perfectamente perfiladas, y sus ojos resaltados con una ligera sombra oscura de ojos-. Me voy Jennifer.
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13 Abr
- Sólo sé que… -Sirkka dio un paso adelante, quedando muy cerca del bello rostro de Lena. El tono de voz de la finlandesa descendió-, mis pechos aportan más peso a mi cuerpo que los tuyos.
- Eso no es lo que tus pechos demostraron ayer –susurró Lena, que entonces se giró sobre sí misma y se alejó. Cuando estaba a un par de metros de su rival, la miró por encima de de hombro izquierdo-. Más bien demostraron lo contrario –concluyó con una sonrisa y una mirada desafiante.
Sirkka frunció el entrecejo, enojada. Su cuerpo ardía por el duelo de palabras, pero se sentía frustrada porque la otra se apartara. Así, la siguió. Justo como Lena quería.
Así, Sirkka llegó hasta la zona de venta de los televisores. Allí, Lena la esperaba ante un televisor de plasma enorme, sonriente. La finlandesa miró la pantalla, y supo porqué sonreía su enemiga.
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12 Abr
- Bien, no importa eso ahora, Lena, porque éste parece un sitio tranquilo y… muy solitario –rompió el silencio Sirkka. Lena miró alrededor: árboles, arbustos y un puente de madera sobre el cercano lago, a unos 30 metros de ellas. Sólo alguien que viniera por el sendero o que cruzara el puente podría verlas allí, por lo que era, desde luego, un buen sitio para seguir con su juego.
- Sí, Sirkka. Quizás sea un buen momento para seguir con los estiramientos –la sueca soltó la mano de la finlandesa y se tumbó sobre su costado izquierdo, mirando fijamente a su oponente. Sirkka captó la indirecta, y se tumbó sobre su costado derecho frente a Lena. La finlandesa y la sueca pensaban en algo en ese momento: había una especie de afinidad entre ellas, que las llevaba a entender cada silencioso desafío rival, y a saber qué pensaba la otra en cada momento. Tomando nota mental de ello, Sirkka y Lena terminaron de ajustarse sus cuerpos frente a frente, a escasos centímetros.
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11 Abr
Sirkka estaba harta de esa arpía sueca. No podía creer que Lena le hubiera quitado el papel protagonista de la obra de teatro “Romeo y Julieta”. Esa zorra había hablado con el director de la representación, y ahora sería la sueca la que interpretaría a Julieta junto a Hans, que haría de Romeo. Si el que el papel hubiera llegado a ella era bastante doloroso e irritante, el que su ex novio fuera la pareja artística de Lena era, realmente, insoportable. La odiaba por ello.
Realmente ella había cortado la relación con el alemán cuando, tras haberse mudado a Berlín, habían estado saliendo casi seis meses. Estaba cansada de sus paranoias y, sobre todo, de que su concepto de fidelidad fuera tan “liberal”. Pero aún así, le molestaba mucho que esa zorra barata fuera a ponerle las manos encima, y fuera a besarlo. No estaba enamorada de él ya, pero una especie de vínculo de propiedad era lo que sentía en su interior. Y sí, celos también. Celos cada vez que los veía en por la universidad, hablando juntos de la obra.
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07 Abr
Recuerdo que era verano porque una cálida brisa entraba por la ventana y acariciaba mi cuerpo desnudo. Hacía rato que el sol se había ocultado tras el horizonte y yo trataba inútilmente de olvidar el calor de aquella noche para entregarme al dulce placer del olvido. Mi piel estaba poblada por infinidad de pequeñas gotas producto del calor confiriéndome el mismo aspecto que una flor bañada por el rocío.
No puedo asegurar si llegué a dormirme en algún momento de la noche, quizá sí, quizá sólo estuve a la deriva en ese estado de duermevela que precede al sueño real y en el que cualquier cosa, por disparatada que sea se nos presenta como dotada de lógica y significado. Lo que sí sé es que, poco a poco, de una manera tan sutil que no podría decir cuando comenzó, la cálida brisa se tornó más insistente y comenzó a recorrer mi piel como si de unas hábiles manos se tratara.
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05 Abr
¿Dónde vas? Toda la noche mirándome y te marchas sin decir nada.
A duras penas me dejo decir palabra y ya me estaba besando los morros.
Recordaba sus medias negras, su pelo largo moreno ondulado y su forma sensual de bailar, muy sensual. Yo no, todos la admirábamos.
Las llaves del coche cayeron al suelo silenciosas y mientras su lengua ya alcanzaba la mía, me empujo hacia la parte en sombra del portal.
Cogió mi mano y la metió entre sus piernas, pude notar lo caliente de su coño y lo resbaladizo de su flujo, que ya había atravesado la seda.
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